Reflexiones: Sobre salir de casa.

Cachoeira Paulista

Salimos de casa creyendo que tenemos algo que buscar afuera. Pensamos que la vida de verdad está en otro lugar, que nuestro destino es grandioso y que hay que buscar independencia. Nos vamos en busca de nuestro hogar.

Salí de casa con estos conceptos solidificados en mi mente. Metas establecidas, mis bienes materiales en equipajes, miedo en el corazón, pero seguro de que había algo mejor en los brazos del desconocido. Rechacé a la verdad gratuita.

Es innegable, salir de casa nos hace madurar. Maduración que viene por medio de múltiples sufrimientos. Amor, dinero, salud, sueños. Todo hiere, todo abre heridas en el alma que difícilmente sanarán, pues, dicen, ese es el objetivo: caminar, aún que duela, pues en el camino hay felicidades que hacen todo valer la pena.

En algún momento sentimos que debemos salir y, después, que es necesario volver. En mi caso, el orgullo fue el motivo de la salida y es él quien impide el retorno. El orgullo ocupa todos los espacios cuándo se habla en decisiones.

Hoy, observo los que no salieron de casa y los que están retornando, y pienso que, caso yo necesite, ahí estará mi casa, mi hogar de verdad.

Quienes eligen quedarse no podrán conocer qué existe afuera. Quienes salieron y volvieron saben que duele mucho. Quienes salieron y no logran retornar sienten que dejaron algo atrás y están prohibidos de buscar. ¿Es posible ser feliz en los tres caminos? ¿Siempre habrá alguien para recibirnos en casa? ¿Todos pueden volver?

No veo ventajas en el camino que hice. El dolor es más grande. No hay sentido. ¿Entonces debo retornar?

*Texto disponível em português aqui.