Yo y Mar.

Eu e MarAntes de entrar en el mar, pensé en ella. No sabia orar, no sabia ofrendar. Todavía, sabía que simplicidad y sinceridad serían aceptas.

El verano había dejado el agua tibia, agradable. Entré en sus aguas, pero sin sumergir, pues sentía ganas de ver las olas viniendo en mi dirección y chocándose con mi cuerpo. Las aguas salgaron mi cuerpo y limpiaron mi alma. Efecto instantáneo de su reino en mi.

Sus peces jugaban con mis pies. Yo los podía sentir y ver por entre las límpidas aguas en tonos de verde. Y conforme mi felicidad y tranquilidad aumentaban por ver los pececitos en el agua, más de ellos venían jugar conmigo, tocar mi cuerpo.

A veces las olas venían fuertes y me llevaban, impidiendo el contacto con los peces, lo que me hizo pensar en mi vida y en todas las veces en que se pasaban mínimas cosas buenas, pero eran barridas por fuertes emociones y acontecimientos malos. “¿Por qué las cosas malas parecían más grandes que las cosas buenas?” Mi mente me llevaba para lejos del mar, pero sus olas me traían de vuelta. Yo intentaba no mojar mi cabeza. Evitaba sumergir, pero las olas venían cada vez más altas y fuertes. Fue inevitable. Bajé la cabeza. La reacción corporal fue instantánea. Mis labios salgaron y mis ojos ardieron, lagrimaron. Sal en la sal.

Ahora la transformación estaba completada. Yo di mi sal al su sal. Mi ofrenda era yo, mis lágrimas, aunque sin sentimientos. Lágrimas naturales, reacción al contacto con ella. Nada más justo, pues yo no buscaba refugio, no buscaba comprensión. Yo quería sentirla. Limpiar todo lo que estuviese perjudicándome, fuese mío o de otros.

Creo que mi peor enemigo soy yo, pues mi boca se enrugó como nunca y mis ojos ardieron sin igual. Lo que hablo y como veo las cosas me afectan, y ella supo indicar eso de forma directa, solamente yendo y viniendo como olas.

Yo no quería salir de allí. La sensación de seguranza era muy agradable. Sin embargo, era hora de pensar en esa experiencia y comprender un poco más sobre quien soy y cómo debo actuar, para que en un próximo baño de mar mi boca no sienta tanto los efectos de la sal y mis ojos puedan ver los piececitos dentro del agua y no afuera de ella.

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